miércoles, 26 de noviembre de 2008

Necesidad de leer a Fuentes


Entre todos los comentarios, todos los invitados de honor, toda la algarabía literaria, la alta cultura y los apuntes mediáticos algo se ha perdio alrededor del 80 aniversario de Carlos Fuentes. Ese algo es, nada más y nada menos, la necesidad imperiosa de leer su obra, pues no se puede en ningún momento dar por entendido, con base en elogios externos, que Fuentes sea un gran escritor. Para afirmarlo así hay que partir de una convicción propia que sólo puede haber emanado de la reflexión de su lectura.

 

El eterno problema interpretativo queda solucionado en eventos pomposos donde grandes concurrencias aplauden al autor de quién sabe qué libros y por sepa Dios qué méritos literarios reales. Total, no hay porqué saber esto, basta con que lo sepan los especialistas, escritores y catedráticos que tienen la capacidad para hablar por el infelizaje. Las ausencias en mi cabeza nunca me han impedido azotar las manos al ritmo de la borregada – frase que vibra en el inconsciente de muchos mexicanos.

 

La profundización al menos un par de obras esquemáticas de Don Carlos puede ser más productiva que conocer las versiones indirectas que reproducen los medios o especialistas, las cuales varían infinitamente en su grado de credibilidad. De hecho, aun en el supuesto de tratar con el mayor experto en literatura mexicana o en la obra de Carlos Fuentes, o aun consultando el medio más prestigioso de contenidos culturales, nunca dejará de ser una intepretación que, de entrada, nos pone barreras entre el fenómeno Fuentes y nosotros mismos.

 

No todo esto ha caído en saco roto. Apenas en la inauguración de estos festejos el presidente Calderón anució la impresión de 350 mil ejemplares de varios libros de Fuentes para ser distribuidos en escuelas públicas de educación primaria. Esto de la misma manera en que muchos de nosotros hemos sido introducidos a la lectura a través de Aura durante la secundaria, preparatoria, o incluso en nivel licenciatura.

 

No hay como el sentir genuino de asentir con la cabeza un comentario, o de aplaudir con la gratitud llevada a las manos para ser justo con un autor que tanto ha aportado a nuestra cultura y a nuestra sociedad, no solamente a nuestras letras.

 

Esta oportunidad de acercamiento nos permitiría ser honestos con circunstancias y personajes planteados en esos libros. Conocer a Fuentes todo el año, no solamente en conferencias magistrales o ruedas de prensa.

 

Tengo el gusto de saber de Fuentes cada que reflexiono en mi ciudad, la Región más transparente; tengo el gusto de saber de Fuentes cada que encuentro un color verde profundo en el Aura e identifico la nostalgia paradigmática de nuestros vecinos del norte en algún Gringo viejo.

 

La negación de esto sólo nos coloca en el papel de aduladores y salameros que intentan afirmar su conocimiento cultural en elogios vacuos para una persona que hoy en día se afirma como una convención social de “Literatura”.

 

El valor real de los libros de Carlos Fuentes es contener elementos ricos y próximos a nostros como mexicanos y como seres humanos, los que tienen la capacidad de ser aprehendidos por nuestro humanismo para apropiarnoslos e identificarnos con ellos.

 

Es por esto que el mejor homenaje que se le puede hacer al señor Fuentes es solamente, simple y llanamente, leer sus libros. De esa manera seríamos sensatos y no extravagantes, seríamos auténticos y no hechos en serie por la televisón, seríamos lectores y no payasos

lunes, 20 de octubre de 2008

jueves, 12 de junio de 2008

Vistas de Charleston







Crónica de viaje

Ironía o Revelación

 

Volando por primera vez a EU, mientras veo en los monitores del avión Norton y los Quienes. Tal vez el Supremo Jebús quiere que no me quepa la menor duda de que existen muchos mundos más allá del mío, tanto afuera como adentro.

 

Veo en la pantalla a un cabrón elefante hablándole a una ciudad de pequeños monitos.

Pienso: ¡Qué chingón, saber de pronto que hay muchos seres más a quienes puedo hablar y que me pueden escuchar! Mas aún, que dependen de mí y yo de ellos, sin siquiera saberlo.

 

Pienso en toda la flora bacteriana colapsándose en mis tripas y en la gastritis que me aqueja desde hace días. Nos debemos mutuamente, pero no nos conocemos, ni nos entendemos.

 

De pronto vuelvo a mí. “Coffee or sugar”, me pregunta una güera bonachona que me trae el té. Volteo hacia mi costado y veo una infinidad azul repleta de caprichos blanquecinos.

 

Tal vez ni siquiera soy conciente e mi pequeñez respecto a un gran mundo al que me dirijo. Tal vez, igual, sea un gran mundo que al rato me quedará chico. Tal vez muera antes de saberlo.

 

La realidad es mucho más grande de lo que ven mis ojos. Sólo espero que mi corazón y mente no exploten al querer aprehenderla.

 

Ojalá que pueda acabar como el cabrón de Horton, cantando la misma canción con mis diferentes mundos. Qué buena rola sería...

 

                                                            Avión 757 de Delta AirLines

       En algún punto el Golfo de México

                                                                        5 de Junio de 2008

sábado, 24 de mayo de 2008

domingo, 18 de mayo de 2008

Control de lectura. Mis robots

Ahh sí, me faltaba el control de lectura sobre el texto de robots y moustros –como decía de chiquito–, que mandó el profesor.

 

Creo que el tema tiene muchísima tela de dónde cortar, y por la misma ambigüedad podríamos hablar como merolicos por cuartillas y cuartillas, sin llegar a decir realmente algo. Entonces, aprovechando la egolatría que pregono en mi bloc, remitiré el comentario a experiencias personales que me ayudan a ubicar el tema.

 

Al respecto, y para extender la lista aún más de lo que lo hizo Aldo en su blog, quisiera recordar a otros robots, junto con monstruos y mezclas de ambos que son relevantes, al menos para mi.

 

 

 

El Tamagochi.

Que se aprovechó de la chaquetez de miles de niños en el mundo que, por el aislamiento posmoderno, la globalización o por tontos, no podían conseguir amigos de verdad, entonces realmente consideraron entablar una relación con un aparatejo parecido a un huevo.

 

El Chupacabras.

Demostró que la bioingeniería política mexicana está a la vanguaria de la investigación, ya que fue capaz de desviar la atención de la raza sobre coyunturas sociopolíticas importantes a un espectáculo mediático que se convirtió en playeras, muñecos, máscaras de Salinas con colmillos, una canción de merengue y hasta en comentarios populares.

 

Atari.

A diferencia del nefastísimo tamagotchi o del perrito electrónico que hacía como que ladraba, el Atari hizo realidad esos aires de relación emocional entre hombres y máquinas que tanto presagiaron las novelas de ciencia ficción, por lo menos entre niños y máquinas, pues enamoró a toda una generación que ha crecido felizmente con las consolas y los videojuegos, diferenciándola de los rucos que todavía les da miedo encender la computadora.

 

Los burócratas del IMSS.

Aunque no son producto de la ficción, sino de las condiciones de la seguridad social en México, operan con el mismo automatismo que los trabajadores de Metrópolis, pero con algo más de colorido y despotismo. Empero, si se le rasca un poco a esa fachada metalizada de gordito –a- de escritorio con  lentes y una torta de jamón junto a tu expediente, se puede hallar a un ser humano como cualquier otro.

 

Fox en sus últimos años de su sexenio

Después de algunos años de que su vieja le chupara la jovialidad mostrada en su campaña del 2000, el ex presidente llegó al 2006 haciendo gala de características propias de un robotito de medio pelo, como torpeza política, insensibilidad ante los problemas sociales, ineficiencia administrativa y hasta mecanización corporal que hacía parecer que le daban cuerda cuando tocaba la campana en el grito de independencia.

 

 

Y otros mo menos importantes…

 

Robocop, Megaman, Mazinger Z, las máquinas de escribir de Naked Lunch y el reproductor de acetatos de mi abuelo

 

Control de lectura 9: Promoción

Como complemento al proceso de venta, el capítulo 9 se refiere a la promoción del libro, pero hace hincapié en los recursos más comunes para desempeñar su trabajo. Quiero decir que se habla de la promoción de una manera determinante para la venta, que como se había señalado en el capítulo anterior, es también un momento determinante para todo el proceso editorial.

 

El arte de vender, de atraer y de seducir, como muchos autores se han referido a la publicidad, ahora se analiza como promoción, precisamente por la posibilidad que tiene de enmarcar a muchos procesos publicitarios, y establece con mayor claridad la actividad en torno a la industria editorial.

 

Al igual que todos los pasos previos, la promoción del libro se encuentra ceñida a las características particulares de la obra en cuestión, de tal manera que un libro con la particulariad del rubro de análisis científico difícilmente podrá llamar la atención, y por tanto, ser comprado por un amplio sector de mercado. En el lado opuesto, las novelas y la ciencia ficción es más suceptible a difundirse con métodos más ambiguos, mientras se espera que tenga una eficiencia de ventas similar al caso anterior.

 

Para no citar todos los métodos descritos por el autor, pues sería ridículo si se considera lo puntual que lo ha hecho, sólo quisiera comentar que tales métodos oscilan entre la cantidad e intensidad de impresiones que el posible comprador tenga de la obra. Parece una obviedad, pero subrayo la maquinaria mercadotécnica que nos puede enterar de un libro en los parabuses, vallas, anuncios espectáculares, revistas, diarios, internet, programas radiofónicos o televisivos, o en infinidad de oportunidades más, en contraposición a la idea de enterarte del libro sólo cuando visitabas una librería y lo distinguías por su forro y su sinopsis.

 

Es decir, la promoción se encarga de llevar la idea del libro a ti, y no al revés. Quien sea puede ocuparse en algo totalmente ajeno a la lectura, al tema del libro, o al autor, mientras recibe el mensaje en un medio impreso. Entonces, el mensaje ya está ahí, independientemente el nivel de recepción y las exquisiteses con que la publicidad lo estudia, está presente el hecho del mensaje depositado.

 

Desde luego, los métodos de promoción se estrechan y se ensanchan a medida que se consideran otros factores. Por ello es comprensible el gasto de la editorial en ejemplares de reseña, pues aunque es un aparente regalo de un libro, puede esto repercutir en una publicidad en un medio y a cargo de una persona reconocida. Así, el sistema se ajusta de forma similar en la promoción por correo y la elaboración de catálogos para libreros.

 

Entran en otro nivel las presentaciones del autor, que no se involucran directamente con las ventas, pero definitivamente en la dimensión del fenómeno publicitario alrededor del esfuerzo editorial. También destaca la labor del representante de ventas, que curiosamente no especificó el autor como propio de sellos editoriales grandes, por lo que me atrevo a pensar que es un elemento indispensable en cualquier grupo, ya sea teniendo el título o no. Me refiero a que en las empresas chicas y medianas probablemente hasta los mismos editores realizan la labor de ventas, si no es que también correctores, diseñadores y demás colaboradores.

 

Las listas de compradores tienen un peso específico en la construcción de un mercado potencial, para lo cual las editoriales se pueden valer de colaboraciones ajenas, como señala el texto en el caso de la editorial trabajando con una librería. El editor paga los folletos y el envío, y el librero facilita la lista de destinatarios a quienes llegará la promoción.

 

Los créditos y los cupones son elementos más complejos en la promoción, y supongo que se encuentran mayormente presentes en países industrializados, pero creo que es conveniente tenerlos en consideración para seguir evolucionando las oportunidades de promoción.

 

Me llama la atención la poca difusión que tienen los libros en la radio y en la televisión. Pareciera que se encuentran enfrentados el lenguaje audiovisual y simbólico hasta en términos propagandísticos. Seguramente algo hay de cierto en esto, pues son raros los casos, según lo que narra la lectura.

 

Entre mis métodos promocionales favoritos están las ferias y exposiciones, como también la figura de los premios, pues tengo una férrea sensación de que contribuyen más que ninguna otra a la promoción de la cultura en genera, consolidando la lectura como una ocupación habitual, y estimulan los esfuerzos de todo el gremio, mientras también configuran rituales amenos alrededor del gremio. Es decir, en lugar de ir al cine y ver una pésima película, siempre es interesante conocer las novedades de una buena feria o una exposición. En este tenor hasta las presentaciones de los autores son interesantes, sin importar quién sea o qué promocione, existe siempre un folclór particular que envuelve a estos eventos.

 

Finalmente destaco los elementos con los que cierra el editor, que aunque son muy abstractos, no creo que resumen las habilidades de un buen promotor. La imaginación y la visualización de oportunidades hacen la diferencia entre la mediocridad y la contaminación publicitaria y los éxitos inesperados como el manejo del escándalo de Carlos Abascal con Aura, de Carlos Fuentes.

 

Siempre quedan cabos sueltos, porque no se puede aprender y decir todo lo posible, refiriéndose en concreto a la promoción. Las dos cualidades anteriores conllevan necesariamente al potencial que existe en trabajar en conjunto con otros elementos de la industria, puesto que los beneficios pueden ser considerables si se establecen los parámetros para ello.

 

El trabajo de un buen promotor debe de estar siempre velado por ojos bien abiertos y un sexto sentido que desarrolla el la inteligencia, el interés y la experiencia.